MARCA PERSONAL: ¿UN RETO O UNA IMPOSICIÓN?

Por Luis llorente

“Acabo de estar con Carlos. No le conocía, pero me ha dado muy buena impresión…”

Quizá más de una vez hemos sentido esto de la “buena impresión”. Esa persona nos ha dejado una huella específica, configurada por toda una serie de factores como pueden ser su tono de voz, su manera de vestir, su olor, su actitud corporal, y otros muchos, -algunos subliminales-, que configuran su Marca Personal. Como dice Jeff Bezos, de Amazon, “la marca personal es lo que dicen de ti cuando no estás delante”.

Vivimos en una actualidad que comparte la realidad tradicional, la que nos ha acompañado en los últimos siglos, con otra virtual, la de las redes sociales, donde la falsedad suele abundar y que implica estar mucho más atento a lo que se dice de nosotros: “La marca personal trata de la gestión de tu nombre, aunque no tengas un negocio, en un mundo de información errónea, desinformación, y resultados de Google semi-permanentes. ¿Vas a una cita? Lo más probable es que tu cita haya buscado tu nombre en Google. ¿Vas a una entrevista de trabajo? Exactamente lo mismo.” – Tim Ferriss

A menudo leo artículos en los que se habla de la “creación” de una marca personal como si fuéramos un lavavajillas, o la marca de un coche. Estamos ante un reto que nos propone ser otros, construirnos un alter ego que caiga bien a los demás, que deje un buen recuerdo, que transmita nuestro poder si nos movemos en el mundo competitivo de la empresa. Y estamos en nuestro derecho. Todos lo hacen, (todos lo han hecho siempre, pero antes no existía la necesidad mediática actual) y sería un déficit para nosotros no hacerlo.

Pero nos puede pasar como a esos hombres que no están a gusto con un traje o a esas mujeres que caminan con dificultad cuando llevan tacones y hay evidencia de incomodidad. Me he construido esta marca y no es mi talla.  Quizá tenga cierto éxito en ese mundo digital, pero a la larga, la configuración de un logo aplicado a la persona la convierte en un estereotipo, en un ser postizo que cumple rigurosamente unas normas de conducta que son falsas y a menudo se notan que no son propias. Al final se convierte en una factura personal que nadie nos ayuda a pagar.

El concepto más “liberal” de marca personal surge además en un mundo en el que las corporaciones están despidiendo masivamente a sus trabajadores y el mercado de trabajo opta por otros tipos de relación laboral en los que destacar es imprescindible para acceder a un contrato basura o a una pobre relación como autónomo. El sistema nos arroja fuera y nos exige unas formas y unos peajes donde se impone que nuestra imagen laboral mande sobre la personal.

A menudo leo artículos en los que se habla de la “creación” de una marca personal como si fuéramos un lavavajillas, o la marca de un coche. Estamos ante un reto que nos propone ser otros, construirnos un alter ego que caiga bien a los demás.

Una buena marca personal surge casi automáticamente si practicamos todo lo posible el autoconocimiento, si establecemos valores que éticamente podemos asumir, si nos aceptamos y deseamos mostrarnos como somos ante los demás. Esa es la mejor marca personal sin necesidad de cambiar la firma, el aspecto, o cambiar de ideología.

Un proceso de coaching puede abrir la puerta  en profundidad para ese autoconocimiento indispensable. No se trata tanto de “construir” una marca personal como de dejar que afloren nuestras cualidades que harán que nos aceptemos mejor, también nuestras zonas oscuras y que surjan nuestros verdaderos deseos y nos valoremos en nuestra justa medida. Trabajar con nuestro coach los miedos, las incertidumbres, aprender a buscar un objetivo concreto y pelear por conseguirlo hará de nosotros personas con una marca “envidiable”.

El liderazgo trabaja potenciar las cualidades necesarias para la gestión de equipos, en definitiva, el líder se convierte en un modelo a seguir, en alguien cuya marca personal tiene mucho peso. Y ese liderazgo requiere un viaje hacia dentro, un conocimiento de nuestras limitaciones, una humildad ante el mundo y una capacidad de compasión alta para contrarrestar la ebriedad que suele acompañar al poder. Son características que no se pueden incorporar como se incorpora a nuestra vida un electrodoméstico o un vestido. Requiere un trabajo personal que no es fácil, pero tampoco es fácil hablar con un tono de voz diferente al propio, o cambiar nuestra manera de vestir, o soportar unos zapatos que nos eleven algunos centímetros.

La propuesta es trabajar la Marca Personal desde la sinceridad, aceptando cualidades que se incorporan con naturalidad a nuestra manera de ser y rechazando las que ética o personalmente no se adapten a nosotros. Todos tenemos ya nuestra Marca. Se trata de potenciarla desde lo que nosotros deseamos, no desde los equívocos deseos del mercado o de las nuevas relaciones sociales a través de las redes.