«Me celebro y me canto a mí mismo. Y lo que yo diga ahora de mí, lo digo de ti, porque lo que yo tengo lo tienes tú y cada átomo de mi cuerpo es tuyo también.»

Walt Whitman

Por Inma Colorado Lluch y Miriam Ortiz de Zárate

Las palabras celebrar y felicitar parecen prácticamente sinónimas y aparecen muchas veces como tales, pero tienen un interesante matiz que las diferencia si observamos la proposición que las acompaña normalmente. “Felicitar a…” y “Celebrar con…”

La felicitación tiene un sujeto que es quien emprende la acción de “felicitar a…”, ya sea una persona, un grupo o incluso uno mismo. ¡Te felicito!, ¡Os felicito!, ¡Felicidades! Es una expresión de reconocimiento y también un recordatorio. Cuando felicitamos, abrimos un espacio para remarcar algo y darle visibilidad. Puede ser un cumpleaños, algo que se ha conseguido, un logro o un resultado que sabemos que es importante para el otro.

Felicitar implica, por tanto, el reconocimiento de un suceso, de un logro, de algo que sabemos que produce satisfacción o alegría a la otra persona. También puede ser un deseo, una aspiración (¡Feliz navidad!, ¡Feliz cumpleaños!), la esperanza profunda y genuina de que estés bien, alegre y feliz en algún momento que para ti puede ser especial.

Celebrar, sin embargo, tiene algo de compartir juntos la felicidad que se siente dentro por el motivo que sea. Por pequeñas que parezcan algunas cosas, si nos producen alegría, si las apreciamos y las amamos, a nivel interno las celebramos. Podemos estar en medio de una celebración y decir felicidades, pero internamente podemos sentirnos desconectados de la emoción que sienten los demás. Y también podemos no asistir, pero sí llamar por teléfono y “montar una fiesta con las palabras”, profundamente conectados con las emociones de nuestro interlocutor.

La celebración implica un encuentro, ya sea un encuentro con el otro o con uno mismo. En la celebración acordamos reunirnos o crear un espacio de confluencia para que puedan emerger emociones expansivas de alegría y satisfacción. Podemos celebrar éxitos, momentos vitales y también efemérides, para recordar algo que sucedió. Por eso utilizamos la primera persona del plural: “vamos a celebrar, estamos celebrando”.

“Celebrar con” implica “Sentir con” y esta es una diferencia fundamental, porque supone implicarse emocionalmente, mantener el corazón abierto, dejarse conmover. En otras palabras, amar.

Si llevamos esta distinción al entorno del coaching, creo que tiene mucho sentido, porque podemos felicitar a nuestro cliente por sus aprendizajes, reconociendo sus progresos y el camino recorrido, aunque desde un lugar amable y un poquito desapegado…

Y también podemos celebrar con el cliente sus aprendizajes, entrando en su emoción, valorando dentro de su historia el camino recorrido, dejándonos conmover con la chispa de alegría que hace brillar sus ojos. Es decir, permitiéndonos “sentir con”. O con otras palabras, abriendo el corazón para amar a nuestro cliente profunda e incondicionalmente.

De manera que, en tu próxima sesión de coaching, qué harás, “Felicitar a” o “Celebrar con”?

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Doy las gracias a Inma Colorado, alumna de nuestro Programa de Certificación de Coaching del CEC por proponer esta distinción y darme la oportunidad de construirla y cocrearla juntas.