El amor es lo contrario del miedo. La primera vez que escuché esta afirmación, me removí en mi silla. ¿Cómo puede ser? Lo contrario del amor sería el odio. Lo contrario del miedo sería la seguridad… Pues parece que no. Al menos no desde el punto de vista neurológico y neuroquímico. El miedo tiene que ver con el cortisol, mientras que el amor está relacionado con la serotonina.

Pero más allá de explicaciones científicas, piénsalo un poco. Cuando sentimos miedo, todo nuestro organismo entra en “modo supervivencia” y, en este estado, todos los recursos se destinan a la autoprotección. Nos cerramos, nos ponemos a la defensiva, todos nuestros sentidos al servicio de detectar la amenaza. El miedo nos hace salir huyendo o nos paraliza. El amor es todo lo contrario: apertura, confianza, entrega, alegría, conexión.

En consecuencia, ¿podríamos afirmar que el amor es la ausencia de miedo?

Si llevamos esta reflexión al mundo de la empresa, podemos preguntarnos qué tipo de emoción necesitamos en nuestros equipos. Si la emoción imperante es el miedo y los circuitos del cortisol toman el control, el foco se estrecha y se concentra en la supervivencia, en la conservación, en detectar las amenazas. Las relaciones se vuelven más susceptibles, cualquiera puede ser un enemigo potencial. Las conversaciones se modifican, escuchamos menos, nuestro lenguaje se vuelve más crítico, duro y exigente, por una parte y más defensivo victimista y resignado, por otra.

Si, por el contrario, la emoción imperante es el amor, el foco se ensancha y aparecen muchas más oportunidades para la creación, la innovación, el aprendizaje, la generación de ideas, el trabajo en equipo basado en la confianza y en la conexión entre las personas. Las conversaciones se vuelven más abiertas y colaborativas y la escucha se hace mucho mayor y más profunda. Los problemas se perciben como retos y oportunidades de aprendizaje y todo el proceso se convierte en una aventura digna de ser disfrutada y vivida con alegría, aun cuando se atraviesen momentos de dificultad.

Desde esta nueva óptica, ¿Te parece que podemos hablar de amor en el mundo de la empresa? ¿Qué tipo de emoción te gustaría cultivar, el miedo o el amor?