Un cliente quiere pedir un cambio de puesto. Lo ha pensado, tiene argumentos y sabe lo que va a decir. En sesión incluso ha ensayado la conversación.
Tres semanas después no ha dado el paso.
Cuando le preguntamos qué ha ocurrido aparecen explicaciones perfectamente razonables: había mucho trabajo, no era el mejor momento, prefería esperar a que terminara el trimestre.
Como coaches podemos explorar esas explicaciones, trabajar las creencias que hay detrás y buscar otras perspectivas. Y muchas veces será suficiente.
Pero ¿qué ocurre cuando el cliente comprende perfectamente lo que le pasa y, aun así, sigue sin poder hacer algo diferente?
Quizá haya que mirar también en otro lugar.
Siete sistemas anteriores al pensamiento
En una entrada anterior hablamos de Jaak Panksepp y de su aportación al estudio de las emociones. Vale la pena detenernos algo más en su modelo porque ofrece una perspectiva especialmente interesante para el coaching somático.
Panksepp propuso la existencia de siete sistemas emocionales primarios: BÚSQUEDA, RABIA, MIEDO, LUJURIA, CUIDADO, PÁNICO —relacionado con la angustia de separación— y JUEGO.
Son sistemas vinculados a necesidades básicas y a tendencias de acción. El MIEDO prepara al organismo para protegerse. La RABIA moviliza energía ante un obstáculo o para defender un límite. La BÚSQUEDA nos impulsa hacia aquello que necesitamos o deseamos. El CUIDADO favorece la protección del otro y el PÁNICO moviliza la búsqueda de proximidad ante la separación.
Lo interesante para el coaching es una idea que subyace al modelo: nuestro organismo puede empezar a responder a una situación antes de que podamos explicar con palabras qué nos está ocurriendo.
Nuestro cliente entra en el despacho de su responsable dispuesto a pedir ese cambio de puesto. Quizá se le cierre el pecho, baje el tono de voz, modifique su postura y termine hablando de cualquier otra cosa.
Después encontrará una explicación: “No era el momento”.
Pero algo había empezado a ocurrir antes.
¿Y si la creencia no fuera el principio de la historia?
En coaching trabajamos frecuentemente con creencias.
Si una persona dice “pedir es molestar”, podemos explorar qué evidencia tiene para sostener esa idea, cuándo no se cumple o qué otra creencia podría abrir nuevas posibilidades.
Pero imaginemos que cada vez que esa persona está a punto de pedir algo importante aparece también una respuesta corporal: tensión, contención de la respiración, ganas de retroceder o una sensación de peligro.
Quizá la creencia “pedir es molestar” no sea toda la historia. Puede ser también una manera de explicar una experiencia que ya se está produciendo.
Algo parecido puede ocurrir con quien tiene dificultades para decir que no. Podemos hablar de asertividad, límites o necesidad de aprobación. Pero también podemos preguntarnos qué sucede justo cuando intenta poner ese límite.
¿Aparece miedo ante la reacción del otro?
¿Surge el impulso de cuidarle o tranquilizarle?
¿Se activa el temor a perder el vínculo?
Desde la perspectiva de Panksepp podríamos formular una hipótesis: quizá diferentes sistemas estén participando en esa respuesta. El CUIDADO puede empujar hacia el otro mientras el PÁNICO ante la posible separación dificulta sostener la distancia.
No necesitamos convertir esta hipótesis en un diagnóstico. Nos sirve para ampliar nuestra observación como coaches.
Llevar el cuerpo a la sesión
Volvamos al cliente que quiere pedir un cambio de puesto.
Podemos preguntarle qué piensa, qué teme que ocurra o qué creencias aparecen. Pero podemos también incorporar el cuerpo a la indagación:
¿Qué notas en tu cuerpo cuando imaginas que estás delante de tu responsable?
¿Qué cambia en tu respiración? ¿Dónde aparece tensión? ¿Sientes algún impulso de avanzar, retroceder o quedarte quieto?
Podemos incluso invitarle a levantarse y representar la situación: “Imagina que tu responsable está delante de ti. Colócate a la distancia que tendría en esa conversación”.
Quizá diga que está preparado para pedir aquello que quiere mientras sus pies retroceden ligeramente. No necesitamos interpretar ese movimiento, y a la vez podemos devolvérselo: “Mientras dices que quieres pedirlo, noto que tu cuerpo se ha ido un poco hacia atrás. ¿Te das cuenta?”
Y dejamos que explore.
El trabajo corporal no sustituye a la conversación. Añade otra fuente de información a la sesión.
El cuerpo no solo habla de bloqueos
Hay otra aportación de Panksepp especialmente interesante para el coaching somático.
Cuando hablamos del cuerpo tendemos a centrarnos en el miedo, la tensión o aquello que bloquea. Pero entre los sistemas descritos por Panksepp encontramos también la BÚSQUEDA y el JUEGO.
Podemos observar qué ocurre cuando el cliente habla de algo que realmente desea. Quizá cambia su respiración, aparece energía, modifica su postura o surge espontáneamente un movimiento hacia delante. En ese momento indagamos: “¿Qué ocurre en tu cuerpo cuando imaginas esa posibilidad?”, “¿Dónde notas energía?”, “¿Hacia dónde te gustaría moverte?”
También podemos utilizar el JUEGO: probar una postura diferente, exagerar un movimiento, cambiar de lugar en la sala o ensayar otra manera de decir algo permite al cliente experimentar posibilidades nuevas.
El cuerpo no solo puede mostrarnos aquello que nos frena. También puede darnos información sobre interés, curiosidad, vínculo, deseo y posibilidades de acción.
Ampliar nuestro rango como coaches
Incorporar el cuerpo no significa dejar de preguntar ni abandonar el trabajo con creencias.
Significa ampliar el lugar desde el que escuchamos y también nuestro rango de intervención como coaches.
A veces el cliente sabe perfectamente qué debería hacer. Incluso sabe por qué no lo hace. Ha analizado la situación, encontrado explicaciones y construido alternativas.
Y, sin embargo, cuando llega el momento, algo vuelve a suceder de la misma manera.
Quizá entonces, además de preguntar: “¿Qué estás pensando que te impide hacerlo?”, podamos añadir: “¿Qué está ocurriendo en ti justo antes de que aparezca ese pensamiento?”
Aprender a trabajar en ese territorio requiere algo más que conocer algunas preguntas corporales. Supone desarrollar nuestra propia conciencia corporal, aprender a observar sin interpretar precipitadamente, reconocer el nivel de activación del cliente, saber cuándo profundizar y cuándo parar y, sobre todo, experimentar nosotros mismos aquello que después queremos incorporar a nuestras sesiones.
Por eso la formación en coaching corporal o somático puede amplificar de manera importante los recursos de un coach. No se trata de sustituir lo que ya sabemos hacer, sino de sumar una nueva vía de acceso cuando la conversación y la comprensión racional no son suficientes.
En el CEC trabajamos el coaching somático de manera vivencial y aplicada, entrenando herramientas corporales y emocionales que después puedan trasladarse a las sesiones de coaching. Completar tus habilidades de coach con recursos somáticos amplía las posibilidades que puedes ofrecer a tus clientes. Y algunas de esas posibilidades empiezan, precisamente, allí donde las palabras todavía no han llegado.

JOSÉ MANUEL SÁNCHEZ
José Manuel Sánchez es Socio Fundador del CEC. Su pasión es el coaching y el desarrollo humano en el ámbito profesional. Actualmente se dedica al desarrollo directivo y al coaching individual y grupal.
Es Coach PCC por la ICF y Practitioner en PNL por la Asociación Española de PNL. Formado en coaching ejecutivo, coaching de equipos y coaching sistémico. Es terapeuta Gestalt y Transpersonal. Formado en el programa SAT, Eneagrama y Coaching Corporal por NewField. Es facilitador de Seitai y de trabajo energético en el cuerpo, formador de meditación e Instructor CCT del Compassion Institute.
Director del Programa Certificación Practitioner en PNL.
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