De cómo el desafío de la barrera corporal para entrar en acción puede ser salvada con la ayuda de la PNL
Llevo más de 10.000 horas de práctica del coaching individual a mis espaldas y ya sé que en muchas ocasiones, cuando se trabajan las creencias con el cliente, llega un momento en el que ya está todo visto, todo escuchado, todo hablado y todo comprendido y ya solo queda el espacio de la acción.
El verdadero aprendizaje de nuestros clientes sucede ahí en ese momento en el que se ponen en acción y se expresan de forma diferente en el mundo y toman la responsabilidad de asumir las consecuencias que estos nuevos actos tengan en su entorno, en sus relaciones, en sus necesidades o expectativas.
Hacerse adulto o crecer, en el fondo, el camino a recorrer por todos nosotros es asumir la responsabilidad de nuestros actos y su impacto en los demás. Es indiferente si tenemos razón o no. Un buen día puedo comprender que la amistad con alguien está desequilibrada y decido poner un límite que considero justo desde la asertividad y la amabilidad acorde con mis sentimientos a la otra persona, y resulta que la otra persona lo ve de forma totalmente diferente, se siente agredida y termina la relación. Es independiente si tengo razón o no, cuando pongo el límite debo asumir que, aunque yo no quiera que esto pase, es posible que ocurra y tengo que hacerme responsable de asumir este resultado que, en una parte no depende de mí, y no engancharme con ello. Tomarlo como tomamos la vida, que está llena de incertidumbre y medias verdades.
Así, en el proceso de coaching, con los clientes, llega un momento en el que deben cruzar el umbral a la acción. Y esto es en sí una dificultad en muchos casos. La emoción del vértigo o el miedo evidente o inconsciente impide muchas veces que esto suceda. Ahí el coach debe entrar a ayudar con una tormenta de ideas, o con la búsqueda de cuál es la unidad mínima de acción que el cliente puede permitirse. Con que haya un mínimo paso ya el cuerpo, el que realmente aprende, irá experimentando y comprobando que los fantasmas imaginarios siempre son más grandes que los reales y que efectivamente como adultos tenemos muchos más recursos de los que usamos y podemos afrontar nuevos retos con ellos, aunque inicialmente pensemos que no es así.
Ahora bien, muchas veces el cuerpo de nuestro cliente, llegado el momento se paraliza. Una y otra vez vuelve al mismo patrón y no logra cambiar las acciones o las conversaciones que necesita. En la sesión vuelve sobre ello y parece estar en disposición, pero cuando vuelves a tener la siguiente sesión con él, apesadumbrado, tu cliente te vuelve a hablar de cómo no ha sido capaz, o pone excusas diferentes cada vez para no enfrentarse a la verdad que la acción siempre deja al descubierto.
¿Qué hacer en estos momentos? Las creencias ya están sobre la mesa, las pequeñas acciones evidenciadas, pero el inmovilismo sigue o se consiguen pequeñas victorias que no logran pasar a acciones de más riesgo.
Naturalmente que con experiencia en el coaching podemos seguir trabajando y desmenuzando cada paso y tenemos recursos para apoyar en este sentido, pero adicionalmente las herramientas de PNL tienen mucho que decir en este sentido.
Lo que frena a nuestro cliente para sostener sus opiniones en un comité de dirección, por ejemplo, o con su socio o con su pareja, es el miedo que aparece en su cuerpo en forma de tensión que lo inunda y lo termina paralizando. Tengo miedo del rechazo, del juicio ajeno, siento vergüenza o tengo miedo de hacer daño.
Todas estas creencias se trabajan en el coaching, la aportación más grande de la PNL o Programación Neurolingüística, es que esta disciplina interviene en la forma en la que el cerebro de la persona ha fabricado la creencia. No la debate como válida o no válida en los términos en los que el coaching la confronta, sino que trabaja en cómo esa creencia se hace carne y se instala en el cuerpo y en el cerebro del ser humano.
La creencia de nuestro cliente es una creencia aprendida en edad temprana. Puede que se forjara viendo las consecuencias que había en casa con su padre autoritario cuando le llevaban la contraria y de ahí la dificultad para discrepar con la autoridad, o bien cualquier otro ejemplo. O quizás la persona lo vivió en primera persona o lo vio reflejarse en un hermano o en un compañero de clase. O puede que viera cómo algún compañero no llevó los deberes hechos a clase y la profesora lo ridiculizó delante de todos los niños.
Hay infinidad de acontecimientos que crean nuestra malla de experiencias que generan el aprendizaje adaptativo del ser humano. Si algo es peligroso no lo repetiré para así evitar el peligro. Y es el miedo físico, la emoción, precisamente lo que me recuerda este aprendizaje.
Así, puedo aprender cosas muy valiosas como para detectar situaciones de peligro en la calle cuando personas amenazantes estén cerca, evitando así correr riesgos. O puedo tener aprendizajes limitantes, acoplamientos en el cuerpo de experiencias que me llevan a comportamientos no funcionales como evitar salir por la noche, en general a partir de las 10 de la noche porque es peligroso, y limitar mi relación con el exterior de mi hogar a actividades externas antes de ese horario.
¿Cómo actúa la PNL? Sabiendo que la vivencia del miedo y sus consecuencias se almacenó en el cerebro y despierta cada vez que los eventos externos nos lo recuerdan. Por explicarlo de modo sencillo, la PNL decide en la sesión con el cliente construir una nueva conexión neuronal que conecte vivencias positivas y potenciadoras del cliente con una acción o gesto en el presente que también las despierte. Es decir, igual que ver que se hace de noche y ver que se acercan las diez me dispara el miedo, construyo algo deliberado que si lo ejecuto me dispara la valentía o la resiliencia, o la tranquilidad, serenidad, etc.…
Este gesto puede ser tocar un objeto, piedra, colgante, o mejor aún tocar una parte del cuerpo (más efectivo si es huesuda y concreta como los dedos de la mano). El cliente viaja a su pasado y recopila momentos de serenidad o seguridad y los “ancla” según técnicas que usamos en PNL en su cuerpo con un gesto de tocar y apretar el dedo pulgar de una mano con la otra. Si el trabajo de la conexión neuronal se hace bien, el cliente al hacer este gesto en cualquier momento de su día a día, sentirá en el cuerpo esas cualidades sin ya recordar concretamente el momento del pasado donde fue a buscarlas cuando hizo la sesión. Solo sentirá las emociones o estados de ánimo correspondientes.
Si esto el cliente lo “entrena” diariamente lo suficiente en las circunstancias en las que el miedo amenaza con aparecer y es constante en ese entrenamiento, poco a poco dispondrá de una nueva herramienta que le traerá la suficiente entereza o recursos en el cuerpo como para atreverse a cruzar ese umbral de la acción que nombraba antes en este artículo.
Por tanto, de esta forma, hemos ayudado corporalmente al cliente a tener la suficiente seguridad en su cuerpo para poder llevar a cabo una acción que, aunque tenía claro en su cabeza que era la adecuada y sabía que desde un lugar teórico podía asumir las consecuencias de ejecutarla, a la hora de la verdad en su cuerpo faltaban recursos para poder tomar ese permiso de actuar y expresarse diferente en el mundo.
El coaching abre la puerta y muestra lo que hay, siembra en el cliente la semilla del cambio y la PNL es una herramienta extraordinaria para apoyar en el cuerpo ese cambio, trayendo recursos que el cliente posee, pero no sabe lograr tener presentes cuando está a punto de entrar en acción.
En mis sesiones, el qué y el cómo son momentos muy diferentes. Yo sé que el qué es esencial o no habrá inicio del movimiento hacia la acción, pero también sé que el cómo es finalmente lo que le dará al cliente el acceso real al cambio que necesita hacer. Para mí la PNL es un apoyo extraordinario a ese cómo y una caja de herramientas indispensable para un coach.

JOSÉ MANUEL SÁNCHEZ
José Manuel Sánchez es Socio Fundador del CEC. Su pasión es el coaching y el desarrollo humano en el ámbito profesional. Actualmente se dedica al desarrollo directivo y al coaching individual y grupal.
Es Coach PCC por la ICF y Practitioner en PNL por la Asociación Española de PNL. Formado en coaching ejecutivo, coaching de equipos y coaching sistémico. Es terapeuta Gestalt y Transpersonal. Formado en el programa SAT, Eneagrama y Coaching Corporal por NewField. Es facilitador de Seitai y de trabajo energético en el cuerpo, formador de meditación e Instructor CCT del Compassion Institute.
Director del Programa Certificación Practitioner en PNL.
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