En un proceso de coaching, quizá lo más llamativo es que hay dos personas trabajando por un mismo objetivo pero con personalidades y cometidos muy diferentes. En definitiva hay dos egos, concepto que en ocasiones se entiende de una manera equívoca. Pero es inevitable que aparezcan, que se manifiesten, que haya transparencia en el proceso y se vea como algo que ayuda y hace resbalar sobre todo las emociones que van a intervenir.

Por Luis Llorente

A través del ego nos reconocemos y somos conscientes de nuestra propia identidad, por lo tanto es el punto de referencia que tenemos de los fenómenos físicos y nos hace de guía entre la realidad del mundo exterior y los ideales del superyó o los instintos y la rigidez que a veces superan la fantasía del ello.

Pero al mismo tiempo el ego es nuestro termómetro social y nuestras relaciones con los otros están basadas en ese rol que nos muestra el ego. Es muy habitual calificar a un semejante por la escala de ego . “Tiene mucho ego” suele significar que es una persona soberbia, muy segura de sí misma, quizá presuntuosa. Su contrario, con poca cantidad de ego, pasará por un individuo temeroso, apocado y con poca iniciativa.

Pero estas apreciaciones son puramente sociales. Están en función de los tiempos en los que vivimos y también por el tipo de acciones que se nos exigen. Por tanto hay que mirarlas en su justa medida.

El coaching, quizá sin pretenderlo, minimiza en muchos casos esa importante significación del ego (eliminarlo como tal es imposible). Nuestros