Por Luis Llorente

El coaching como disciplina es cada vez más preciso, pero como concepto es cada vez más amplio. La práctica del coaching en estos últimos años por parte de miles de profesionales en todo el mundo y la intervención de asociaciones como la ICF, han refinado nuestra práctica profesional dotándola de una metodología y un sistema que ayuda en gran medida al éxito de los procesos.

Pero el coaching como concepto es cada día más amplio. Nuevas herramientas y nuevos puntos de observación se van incorporando porque nuestra profesión está abierta y tiene la vocación de incorporar mayor saber. Tener a mano estos instrumentos mejoran nuestra actividad y además suelen ser parte de nuestro autoconocimiento desde otras perspectivas personales y profesionales.

Normalmente, el uso de estas nuevas perspectivas surge de necesidades específicas y en el caso del Coaching Sistémico han sido en gran medida las propias del ámbito empresarial por su propia estructura y las que tienen su reflejo personal y familiar en el mundo de las constelaciones.

El propio contexto en el que trabajamos también introduce nuevos matices que hacen imprescindible la valoración de la perspectiva sistémica. Pondré un ejemplo: en un proceso trabajé con un actor. Cuando nos conocimos estaba preparando un monólogo y las necesidades y objetivos que declaraba estaban ceñidas a esa actividad concreta de su profesión en la que un único personaje, sin apenas medios, sostiene una función a través de su palabra. Sin dejar de pensar en su propio sistema individual, la realidad es que no existía demasiada interacción con otros sistemas. Al cabo de un tiempo volvimos a trabajar juntos, pero en esta ocasión se trataba de una obra coral, con escenarios, luces y sobre todo, con otros personajes que incorporaban sus propios universos. ¿Fueron diferentes los trabajos?

Si mi conocimiento de Coaching Sistémico de entonces fuera como el de ahora, me habría dado cuenta de que el trabajo con el actor original en su monólogo y el posterior sometido a las interacciones con sus compañeros, eran mucho más similares de lo que creía porque somos, como individuos, parte siempre de múltiples sistemas y nuestro comportamiento está muchas veces mediatizado por las lealtades conscientes o inconscientes a esos sistemas.

Desde luego hay profesionales que por la estructura a la que pertenecen los clientes con los que trabajan están muy especializados en coaching sistémico, pero para cualquier profesional es necesario tener en cuenta estos aspectos y unos conocimientos mínimos, ya que, el hecho de al menos saber manejar conversaciones sistémicas, será suficiente para mejorar y encaminar las posibilidades de su cliente. La visión de la madeja y los entramados sistémicos, ayuda en gran medida a acelerar o a ampliar la posibilidad de lograr los objetivos definidos en el proceso.

«el coaching como concepto es cada día más amplio. Nuevas herramientas y nuevos puntos de observación se van incorporando porque nuestra profesión está abierta y tiene la vocación de incorporar mayor saber «

Una persona, un equipo o una empresa son sistemas o conjuntos de elementos relacionados entre sí para obtener un objetivo común. Siendo obvia esta observación muy a menudo la olvidamos. Nadie puede negar que un equipo o una organización constituyen un sistema pero no olvidemos que un “individuo” también lo es, tanto en términos fisiológicos como psicológicos, con sus objetivos comunes de órganos, huesos, psique, energía, emociones…que desean evolucionar.

Pero la conciencia de la conexión con el sistema falla a menudo. Tendemos a la individualización de las cuestiones, y perdemos la perspectiva de la fuerza que tiene la estructura en la que nos movemos. Esto puede provocar reacciones inconscientes en los sistemas con los que nos conectamos, y en nuestro propio sistema personal.

En este sentido hay que tener en cuenta que la persona no puede de ninguna manera ser un elemento aislado y esto condiciona directa e indirectamente nuestra manera de ser y de estar en la vida. Esta condición provoca que la persona ceda protagonismo en favor del sistema. Cuando tenemos un conflicto tendemos de manera casi automática a buscar la mejor solución para el sistema y no la mejor solución para los individuos, intentando dar con una solución sólida y duradera en el tiempo. Otras veces miramos solo nuestro limitado horizonte y pretendemos decidir de manera individual y de espaldas al sistema. Ninguna de ambas estrategias funciona. Nuestro cliente es miembro de un sistema y la solución de sus cuestiones deberá ser la mejor solución para él y para todos los miembros del sistema. Será una alternativa en la que todos ganen. Porque cualquier acción o cambio que introduce un miembro repercute en todo el sistema. Curiosamente cuando agarramos los brazos de nuestra silla de trabajo, estamos dando impulso a todas las moléculas que componen el sillón completo. Habrá algunas de ellas que reciban con más intensidad esa fuerza, pero al fin llegará a todo el sillón.

Esta circunstancia de la que hablamos tiende a cumplirse en todos los sistemas a los que estamos vinculados: personales, familiares e incluso empresariales (por muy grandes o pequeños que sean), ya que el trabajo realizado por una persona o por un pequeño departamento, por insignificante que parezca, repercute en toda la organización. Por eso, el Coaching Sistémico permite en caso de conflicto, detectar rápidamente la acción y el lugar de donde surge la dificultad.

Pero la cosa se complica porque no solo pertenecemos a un sistema sino que estamos inmersos en una red sistémica y a veces nos comprometemos a hacer determinadas cosas en uno de ellos contrarias a lo que pactamos en otro diferente. Nuestros objetivos no se cumplen y una vez analizadas las causas se ve cómo algunos individuos sin causa aparente siguen otras directrices: ocurre a menudo cuando entran en conflicto sistemas personales y profesionales (El otro día tomé la decisión junto a los miembros del equipo profesional de acabar todo el trabajo del proyecto actual en el menor tiempo posible aunque para ello hubiera que quedarse hasta muy tarde trabajando. Por otro lado, le había prometido a mi pareja no llegar a casa más tarde de las 9 de la noche para poder tener intimidad o ayudar en las tareas domésticas. Tome la decisión que tome, en alguno de los dos sistemas estaré dejando de cumplir con lo prometido). Por no hablar de las grandes empresas multinacionales que imponen normativas internas que a menudo chocan con algunas de las culturas de los países en las que se implantan.

El ejemplo anterior es un caso muy evidente donde la persona puede ser consciente de ambas promesas y lealtades asumidas. Sin embargo, en la mayor parte de los casos, nuestras acciones están todas ellas sometidas a diferentes lealtades a diferentes sistemas y ni siquiera somos conscientes de ello. Ahí radica muchas veces el nudo gordiano de muchas de las dificultades que debe afrontar un cliente en un proceso de coaching.

Observando todas estas cuestiones y analizándolas en profundidad, de la doctrina se desprende que existen unas leyes sistémicas que se cumplen obligatoriamente y nos permiten trabajar con esta herramienta en nuestra profesión:

Pertenencia, todo tiene derecho a un lugar o pertenencia. Estar “solo” socialmente es una de las peores condenas del ser humano. El Ostracismo que se practicaba con severidad en la antigua Grecia anulaba al ser que en muchos casos acababa con su vida.

Orden, todo tiene un orden y gracias a él los individuos nos podemos desenvolver en ese marco de referencia.

Equilibrio, entre lo que se da y se recibe o mejor aún, se toma.

Estas leyes rigen nuestro discurrir entre las personas y las organizaciones y el cumplimiento en mayor o menor medida contribuye de manera sólida a nuestra felicidad. Por ello, se toman en cuenta en los procesos de coaching y sabemos que nuestro cliente no es un ser aislado y solitario sino que convive a diario con multitud de sistemas en los que trabaja, se divierte, ama o enferma.

Algunas herramientas del coaching sistémico

La conversación es la base de nuestra metodología, por tanto podemos incorporar preguntas que incidan en la consideración del cliente de su universo como un entramado de relaciones. Dentro de la conversación de Coaching Sistémico se está muy atento a todo lo que tiene que ver con terceros. Algunos lo llaman preguntas recurrentes o circulares y son por ejemplo:”¿Qué hace tu pareja cuando tus hijos discuten y ven que tú intervienes?” o ¿qué hace tu jefe en una reunión cuando una compañera monopoliza la conversación con sus necesidades?

En este contexto, las preguntas se plantean en un entorno colectivo, familiar o de equipo, dentro del «sistema» en situaciones de acompañamiento.

A veces las preguntas sistémicas circulares son aún más amplias, y hacen referencia a elementos de sistemas que a priori no parecen tener relación con el tema que se trata. ¿Quién crees que se alegraría si tomaras esta decisión? ¿A quién estás siendo leal cuando haces eso? ¿qué edad tienes ahora cuando dices esto? ¿En nombre de quien estás hablando cuando afirmas esto?

Técnicas visuales. Se utilizan para trabajar con los clientes que prefieren la manera visual y pueden entender mejor la complejidad de los sistemas que viven. Trabajar colocando y recolocando pequeños muñecos (o dibujándolos en una hoja de papel) o en hojas en el suelo con nombres de elementos en cada hoja, representando a los diferentes actores del sistema; permite liberar a veces cierta rigidez y plantear de manera más sencilla los escenarios en los que nos movemos, para facilitar la toma de decisiones concretas. En ocasiones los papeles en el suelo reflejan diferentes elementos intrapsíquicos del cliente. Representar en 3D en el exterior lo que acontece en el sistema del cliente permite tener una mirada llena de perspectiva tanto física., como mental, como emocional sobre lo que está ocurriendo. El coach hace preguntas con el fin de obtener una mayor exactitud, ampliando también de esta manera la percepción del cliente. “¿Algunas personas se colocan arriba o abajo, cercanas o alejadas, agrupadas o solas, dentro o fuera (de una frontera), etc…? y ¿cómo esas posiciones pueden ser recursos u obstáculos para tu objetivo?”, “¿Para qué algunas relaciones son más estrechas, o distantes, en un solo sentido (señálalas), ligeras, sólidas, inexistentes, etc?… Conversar sobre si hay una resonancia con nuestro plan de acción o con nuestro reto. No se trata de hacer demasiadas preguntas, sino de elegir las más significativas según el trabajo, seguir nuestras intuiciones como coaches y estar muy atentos a las reacciones del cliente. Podemos también explorar la disposición al plan de acción: “¿Qué vas hacer de distinto mañana? ¿Y qué decisión vas a tomar?”

El trabajo con los «Prescriptores» Es muy normal que los procesos sean solicitados por terceras personas o entidades. En el caso de trabajar para una empresa o corporación son los departamentos de Recursos Humanos los que incluyen nuestra disciplina como parte de la intervención en sus departamentos, pero también puede ser un familiar o allegado (pareja o hijos) los que pueden facilitar el encuentro y el proceso de coaching. Así se conforman relaciones triangulares y conversaciones de coaching en los que está presente ese prescriptor. En muchos de estos casos es necesario que esta tercera persona sea un elemento presente en el proceso y se trabaje su punto de observación. En cualquier caso, los elementos presentes en el proceso son como mínimo todos los elementos del sistema del cliente y también los elementos de los sistemas implicados en el objetivo del cliente. Así que la mirada se amplia y las interacciones y posibilidades aumentan de forma geométrica. A menudo, esta situación de triángulo es aún más compleja cuando entran en juego las jerarquías. Ya sean organizacionales o de figuras parentales en el sistema de origen. En estos casos, lo que se presenta inicialmente como una simple situación de coaching individual es a veces una situación extremadamente compleja porque afecta a situaciones sistémicas en las que las leyes mencionadas arriba intervienen de forma definitiva.

Para Miriam Ortiz de Zárate el Coaching Sistémico ha estado tradicionalmente orientado hacia las constelaciones familiares y organizacionales pero no ha puesto nunca antes el foco en el Coaching Individual y este es un campo extraordinario de exploración que con herramientas como los muñecos, las propias manos del coach como elementos de representación y papeles u otros elementos, pueden traer a una sesión individual, todo el universo sistémico del cliente.

José Manuel Sánchez del CEC considera que la realidad es sistémica y que las leyes y las interacciones entre todos los individuos están sometidas a esa mirada. “Gran parte del coaching que se ha venido haciendo hasta ahora contiene elementos sistémicos de manera natural e inconsciente. Ahora se trata de adquirir los conocimientos y las herramientas necesarias para traer todo esa realidad sistémica a la luz en la sesión y ayudar a avanzar a nuestros clientes en la comprensión de los engranajes de los sistemas y de los enredos sistémicos en los que se encuentran atrapados.

Ese nuevo conocimiento permite al cliente tomar lo que hay y a partir de ese momento, poder ganar grados de libertad y dar un primer paso de fuerza hacia su objetivo. Haciéndose responsable de ese paso y asumiendo el inevitable dolor que causa el crecer. Porque solo los niños quieren permanecer indemnes.”

Podemos establecer por tanto una mirada sistémica, una fotografía muy precisa del entorno, del orden que fortalece, o del equilibrio, mientras miramos al individuo. Así trabajaremos nuestros procesos de una manera integral, descubriendo nuestro sistema de origen pero haciendo que nuestro cliente fomente esa visión de 360 grados necesaria para alcanzar su objetivo.