Igual que veíamos en una distinción anterior la diferencia entre pedir perdón y decir lo siento, creo que también es importante entender la distinción entre perdonar y aceptar, porque también en este lado de la partida se juega un juego que impacta profundamente en las relaciones.

Cuando alguien nos pide perdón, la pelota recae sobre nuestro tejado, porque nos toca a nosotros decidir qué hacemos con esto. ¿Perdonamos o no?  Y aquí podemos contestar con alguna de las siguientes cinco respuestas:

  1. No puedo perdonarte, lo que has hecho me ha dolido mucho”. Rechazamos la posibilidad de perdonar, no queremos o no podemos hacerlo y esto probablemente significa que la relación quedará rota o maltrecha.
  1. Todavía no puedo perdonarte, necesito un poco de tiempo” Es decir, pedimos tiempo para poder procesar lo que ha ocurrido, esperando que las cosas vuelvan a un cierto punto de equilibrio en un futuro próximo.
  1. Te perdono, pero a cambio tú… Y pedimos algo a cambio, un nuevo compromiso, algún tipo de acción compensatoria que ayude a reparar el daño y reequilibrar la relación.
  1. Está bien, te perdono…” pero en realidad lo decimos con cierta falsedad, presionados por las circunstancias, porque en el fondo, todavía no hemos perdonado, la herida está aún abierta.
  1. Te perdono” y efectivamente hemos sido capaces de perdonar y nos sentimos en equilibrio.

Al decir «te perdono», nos ponemos condescendientes y nos colocamos en un lugar demasiado elevado, con un cierto poder.

En cualquier caso, decir “te perdono” es una expresión extraña, como un arma de doble filo. ¿Qué significa exactamente? En cierto sentido, al decirlo, nos ponemos por encima del otro, nos ponemos condescendientes y nos colocamos en un lugar demasiado elevado, con un cierto poder, mientras que la persona perdonada se queda por debajo, con la cabeza agachada, culpable de sus actos.

Si nos detenemos un poco a pensarlo, nos daremos cuenta de que el perdón no es un acto dicotómico (“te perdono” – “no te perdono”), sino más bien un proceso, que requiere su tiempo. A veces es cuestión de unos minutos, pero también puede llevarnos horas, días, semanas, meses o toda una vida.

El proceso del perdón se completa cuando conseguimos aceptar. Ahí es donde verdaderamente, decimos que el ciclo empieza a cerrarse. A veces decimos: “te perdono, pero todavía estoy enfadado…” En realidad, esto no es aceptación, estamos en una etapa todavía previa, que podríamos llamar de tolerancia. El siguiente esquema nos puede ayudar a entenderlo mejor:

A diferencia del perdón, la aceptación no es condescendiente ni nos pone por encima ni deja la relación descompensada. Cuando somos capaces de decir: “Acepto que lo que pasó, pasó y lo dejo atrás”, entonces podemos cerrar el círculo y seguir adelante.

Esta distinción nos puede ayudar a entender mejor qué nos ocurre cuando algo nos molesta o nos sentimos heridos, dónde nos colocamos, cómo vivimos nuestros procesos y también nos puede servir para expresar de manera más auténtica lo que verdaderamente sentimos o necesitamos.

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