“La educación no cambia el mundo, cambia a las personas que van a cambiar el mundo”. Paulo Freire.

La pedagogía, derivada del griego «paidagogos» (guía de niños), es el arte y la ciencia de enseñar. Tradicionalmente, se centra en la instrucción directa donde el educador es la figura central responsable de impartir conocimiento.

Este enfoque se ha utilizado durante siglos en diversas culturas y sistemas educativos. Y aún persiste en buena parte de las escuelas de formación actuales.

Frente a este concepto, hoy proponemos una mirada más centrada en las capacidades de cada persona, y que se denomina heutagogía (donde “heútē” significa uno mismo y «ágōgos» significa guía) y que se podría denominar como formación de adultos.

Este enfoque se refiere al aprendizaje autodirigido y se centra en posibilitar que los participantes asuman la responsabilidad de su propio aprendizaje, fomentando la autonomía y la autogestión.

La heutagogía es una filosofía docente, una forma de entender al ser humano y un lugar de corresponsabilidad para el cambio. No se trata de convencer, sino de ofrecer pensamiento crítico.

No se comparten conocimientos, sino que se muestran mapas, arquetipos o distinciones, y los propios participantes deciden cómo lo mostrado refleja, o no, su realidad. Y qué nuevas posibilidades de acciones se les ofrecen. Cada persona elige qué va a dejar de hacer y qué escoge aprehender.

Hay una parte de renuncia en el formador. Debe renunciar a ser el experto y el que tiene toda la información. El docente, en la heutagogía, escucha y observa a los participantes para devolver lo que observa y valorar cómo esto se conecta con la materia tratada.

Es una especie de adaptación al grupo, al que haya tocado ese día, llevando los contenidos objeto de la formación al espacio y clima que en ese momento se haya creado.

Otra renuncia importante es la de la estructura. Sí, hay que preparar un esquema, una secuencia y unos contenidos. Lo que sucede es que el propio grupo va a tomar caminos tangentes o inesperados. Otras veces, demasiado directos.

Y se precisa la habilidad de recorrer esos caminos sin olvidar el destino. Igual que cuando un grupo de personas en la montaña decide alcanzar una cima y eso no les impide desviar en ocasiones su recorrido para explorar senderos no conocidos y atractivos.

El docente no es el guía ni el experto. Sí el que acompaña y hace ver detalles del entorno que pudieran pasar desapercibidos. Incluso puede retar al grupo sobre un eventual patrón de desvío para evitar la cima. Y este sería un gran aprendizaje.

taller formador

En la pedagogía se ofrece estructura, objetivos claros y evaluaciones frecuentes. El conocimiento reside principalmente en el docente, que guía las sesiones. Y no es un mal lugar. Es diferente. Pueden aparecer límites, sobre todo si pensamos en un grupo de adultos, donde la guía les puede generar cierto rechazo, escepticismo o resistencia.

En la heutagogía no son alumnos o alumnas, sino participantes. Aportan sus preferencias e intereses y esto puede cambiar, en parte, el rumbo de la formación. Es verdad que para que esto suceda se requiere un alto grado de autoconfianza del grupo.

En las ocasiones en que esto no ocurra, el docente puede volver, por un tiempo, a la guía y retomar la estructura. Es más, puede bailar entre pedagogía y heutagogía si dispone de esa capacidad.

Ahora bien, asume un riesgo. Cuando en la formación entre adultos el formato es puro de pedagogía, las personas se comportan pidiendo estructura, guía y conocimiento.

De alguna manera renuncian a liderar su propio aprendizaje y lo dejan en manos exclusivas del formador. Y esto sí es un error. Que, en su variante más agravada, se convierte en un grupo que pierde la curiosidad y el pensamiento crítico.

En adultos, se podría decir que se quitan la gorra de aprendiz. En ese momento, hemos llegado a un callejón sin salida. No se puede enseñar al que cree que ya sabe.

La pedagogía y la heutagogía representan dos enfoques distintos en la formación, cada uno con sus propias ventajas y desventajas. La pedagogía, con su estructura y dirección claras, proporciona una base sólida de conocimientos.

Por otro lado, la heutagogía fomenta la autonomía y la creatividad, preparando a los participantes para enfrentar sus desafíos con confianza. Para los formadores expertos, comprender y aplicar ambos enfoques puede ser crucial para adaptarse a las diversas necesidades del grupo y maximizar el aprendizaje.

Comparación entre Pedagogía y Heutagogía:

heutagogía, De la pedagogía a la heutagogía
curso formador
heutagogía, De la pedagogía a la heutagogía

CARLOS CORTÉS

Coach PCC por la International Coaching Federation.

Formado en Coaching individual, Coaching Sistémico y Coaching de equipos, es Facilitador Art of Hosting, certificado en métodos Bridge de estilos relacionales y Sikkhona para la excelencia de equipos. Consultor, formador y coach individual y de equipos, con una amplia experiencia en el sector social, Es facilitador del Programa de Coaching de Equipos del CEC.

Contáctanos

    Si deseas información sobre nuestros programas y talleres, o si tienes cualquier otra duda, rellena este formulario y nos pondremos en contacto contigo. ¡Gracias!





    Quiero recibir la newsletter de CEC con información sobre sus actividades gratuitas, cursos y servicios.

    Información básica sobre Protección de Datos
    CEC (Centro de Estudios del Coaching SL) tratará tus datos personales para responder a tu solicitud, y si lo deseas, para gestionar nuestra newsletter y enviarte información sobre nuestras actividades y servicios. Distribuimos nuestra newsletter a través de una plataforma que en ocasiones utiliza servidores informáticos alojados fuera de la Unión Europea. El tratamiento se basa en tu consentimiento, que podrás retirar cuando quieras, así como ejercer tus derechos de acceso, rectificación, supresión y otros en la dirección info@centrodelcoaching.es. Para más información, consulta nuestra Política de privacidad