Por Cristina del Campo

Estas fueron las palabras con las que Sofía terminó mi primera sesión de coaching cuatro días antes de empezar el Programa residencial de verano, y se me quedaron grabadas. Estaba muy sorprendida por todo lo que acabábamos de hablar y me contó que para poder acompañar a alguien en su viaje primero había que hacer el viaje uno mismo. Ahí empecé a darme cuenta de que ese curso iba a ser algo especial, pero lo que no imaginé fue la gran compañía que encontré, los grandes aprendizajes que me llevé y lo que disfruté del camino.

Me subí casi en marcha y me dejé llevar por la sensación de absoluta confianza que me transmitió todo el equipo del CEC desde la primera llamada. Era el mes de Julio y llevaba 3 meses sin trabajar, después de 17 años sin parar. Había estado dando vueltas y necesitaba encontrar respuestas para decidir por dónde quería seguir. Siempre me han interesado las personas y en mi trabajo había estado vinculada a temas de coaching, así que pensé que podía ser una buena oportunidad para descubrir una nueva profesión. Lo que más me atraía era el poder ayudar a las personas desde dónde están hacia donde quieren llegar, a conseguir sus objetivos y diseñar su futuro. Cuando pienso en mí en aquel momento siento ternura, porque lo que encontré fueron preguntas que muchas veces me llevaron a lugares incómodos y descubrí que sin incomodidad no hay crecimiento.

No se me ocurre mejor forma de iniciarse en el mundo del coaching que sumergirse durante 9 días en El Escorial de la mano de Miriam y José Manuel, viviendo, sintiendo y experimentando esta profesión desde un lugar físico, emocional y de conocimientos privilegiado. Desde el momento de la inscripción supe que ya había iniciado algo que no me iba a dejar indiferente, los ejercicios previos y las lecturas me fueron llevando de la mano a un lugar de partida, en el que la sensación de control con la que estaba acostumbrada a vivir había desaparecido, y convivía con un cierto “miedo” a lo desconocido.

Cuando llegué al Residencial conocí a mis compañeros de viaje, veníamos de distintos lugares, con vidas muy diferentes. Sólo puedo deciros que en sólo 9 días pasamos de ser absolutos desconocidos a inseparables piezas de un puzle. Y aquí está la magia: el convivir en un mismo espacio y conocer a los demás desde el SER es una experiencia única, y esto fue posible por la mirada que tuvimos de nuestros maestros, en la que no había prejuicios ni interpretaciones, y nos marcaron el lugar desde donde hacer coaching: “Dentro de cada uno hay un potencial y todos tenemos acceso a él. No necesito darte un consejo porque tú tienes la solución. Confianza plena en ti, en el proceso y en el cliente”

Otra de las claves de la formación fue el trabajo en 2 áreas simultáneas: el método y la práctica de las metacompetencias que nos deben acompañar como coaches: Presencia, Aceptación, Escucha, Autenticidad y Responsabilidad. De esta manera, combinando la teoría con la práctica desde el minuto uno, fuimos incorporando técnicas de meditación y herramientas que nos ayudaron a integrar los aprendizajes. Todo lo que sucedía conllevaba un valor emocional y un contenido útil a partes iguales, y nos iba llegando en el momento preciso y a cada uno según sus necesidades.

Han pasado 10 meses y sigo viviendo tiempos de cambio, de crecimiento y de autoconocimiento. Sigo buscando mis límites y poniéndolos cada vez más lejos. Las respuestas que encontré me llevaron a conocerme mejor y entenderme. Reconozco que formarme como coach ha sido una de las decisiones que tomé desde el corazón, y no puedo estar más feliz por ello. Durante esos 9 días empecé de nuevo, me perdí, me encontré, encontré nuevas e increíbles personas en el camino que van a estar siempre en mi vida. Lloré, reí, subí montañas y bajé a sótanos oscuros, experimenté nuevas sensaciones, me di permisos y me hice responsable de mi vida. Tuve que desaprender más que aprender, soltar más que coger y me he dado cuenta de que ya no puedo dejar de crecer personalmente, porque es la base que me llena de energía y me sirve de brújula en mi vida.

“No corras, ve despacio, que donde tienes que ir es a tí mismo” Juan Ramón Jiménez.

Tenías razón, Sofía.

Socióloga de formación, completé mis estudios con un Máster en Dirección de RRHH y Organización en ESIC. Comencé mi carrera profesional en el área de RRHH dentro del sector de los medios de comunicación y salté al mundo del entretenimiento donde he sido Productora audiovisual durante 17 años. Mi orientación hacia las personas me ha llevado a formarme como Coach ACTP en Centro de Estudios del Coaching, con estudios de especialización en coaching sistémico y coaching por valores. Actualmente combino mi pasión por el coaching con mi faceta de Productora, aplicándolo en mis equipos de trabajo y en sesiones individuales.

Cristina ha sido alumna del Centro de Estudios del Coaching en la formación del Programa de Certificación de Coaching en el formato intensivo residencial en el Escorial. Si deseas saber más sobre este programa, haz «clic» en el siguiente enlace.