La inteligencia artificial ha entrado en el mundo del coaching y ya no es algo teórico ni lejano. Muchos coaches la estáis usando de una u otra forma, otros la observáis con curiosidad y algunos con bastante cautela. Y es comprensible.
Cuando aparece una tecnología nueva, la pregunta no es solo qué puede hacer, sino cómo se integra en la práctica real del coaching y qué impacto tiene en la relación, en el proceso y en el rol del coach. Por eso merece la pena salir del debate de opiniones y apoyarnos tanto en la investigación disponible como en los marcos de referencia de la profesión, para situarnos y entender dónde estamos hoy.
La evidencia acumulada hasta ahora nos muestra una imagen bastante clara. La inteligencia artificial no realiza coaching en el sentido profesional que trabajamos desde ICF, pero sí puede aportar valor en tareas específicas dentro de procesos bien definidos.
La mayoría de los estudios sobre IA y coaching no analizan procesos largos ni trabajo identitario profundo. Se centran en intervenciones acotadas como apoyo al logro de metas, inducción de reflexión o acompañamiento estructurado mediante sistemas conversacionales.
Las revisiones más recientes de la literatura (2024–2025) muestran que estas herramientas pueden ser eficaces para apoyar el logro de objetivos, reforzar nuevos comportamientos o sostener reflexiones guiadas cuando están integradas dentro de un proceso acompañado por un coach humano.
En un estudio de 2025, incluso se observó que un agente de IA podía mostrar algunos elementos de competencias de nivel ACC y ciertos rasgos de nivel PCC en aspectos muy concretos del proceso, lo que sugiere que la tecnología puede complementar funciones específicas bajo supervisión profesional.
Las revisiones sistemáticas van en la misma línea. Passmore et al. (2025) concluyen que la IA aporta valor cuando se utiliza de forma complementaria, integrada dentro de procesos diseñados y sostenidos por un coach humano. No como sustituto, sino como apoyo.
Uno de los puntos que más debate genera entre coaches es la relación. Y aquí la investigación también aporta claridad. Estudios que comparan la experiencia del cliente con coaches humanos y con agentes conversacionales muestran que la IA puede ofrecer estructura, coherencia y sensación de acompañamiento, pero encuentra límites claros cuando aparecen emociones complejas, ambivalencia o procesos identitarios profundos (Barger et al., 2025).
La alianza que se genera con la IA es funcional. Puede sostener conversaciones coherentes y ordenadas, pero no hay cuerpo, no hay presencia ni resonancia emocional. Esto no es un problema técnico, es una característica del medio. Tenerlo claro permite usar la herramienta con realismo y con criterio.
Desde aquí, la pregunta relevante pasa a ser cómo puede utilizar hoy la inteligencia artificial un coach profesional de forma alineada con su rol y con el marco ICF.
La práctica y la evidencia apuntan a varios usos especialmente adecuados cuando la IA está al servicio del coach:
- Preparación de sesiones, ayudando a ordenar información, detectar patrones en lo que trae el cliente o preparar preguntas abiertas.
- Clarificación y revisión de objetivos, descomponiéndolos en pasos o revisando avances dentro del proceso.
- Diseño de apoyos entre sesiones, como reflexiones guiadas o seguimiento de compromisos previamente acordados.
- Ampliación del espacio reflexivo del cliente, usando la IA como soporte de escritura o autoobservación, del mismo modo que se propone un diario.
- Apoyo al desarrollo del propio coach, para revisar sesiones, entrenar preguntas o estructurar feedback, sin delegar el criterio profesional.
Aquí aparece un matiz interesante que aporta el ICF Coaching Futures Report 2026. El informe señala el potencial de la tecnología, incluida la inteligencia artificial, como palanca para ampliar el acceso al coaching. No solo en términos de escala, sino de llegar a personas, contextos y momentos donde el coaching tradicional no siempre es viable.
En este sentido, la IA puede ayudar a ofrecer apoyos estructurados dentro de procesos acompañados, siempre que se utilice con criterio profesional y sin diluir la esencia del coaching humano.
El mismo informe añade otra idea clave: a medida que la tecnología gana peso, el rol del coach no se reduce, sino que se redefine. Diseñar procesos, integrar herramientas con sentido y sostener la dimensión ética y relacional del acompañamiento se vuelve aún más central.
En los distintos escenarios que plantea ICF para el futuro del coaching, la competencia no está tanto en saber usar IA, sino en saber cuándo, para qué y desde qué lugar integrarla dentro del proceso.
Esta mirada conecta bien con lo que ya muestra la investigación y con lo que muchas y muchos coaches estáis experimentando en la práctica: la IA puede ampliar, apoyar y sostener, pero el corazón del coaching sigue estando en la relación.
Con todo lo que sabemos hoy, la pregunta no es si la inteligencia artificial va a estar presente en el coaching. Ya lo está.
La pregunta relevante es cómo la usamos.
Como coaches ICF, la IA puede ser una aliada potente si se integra con criterio, presencia y responsabilidad. Puede ayudarnos a pensar mejor, a ampliar procesos y a sostener el trabajo entre sesiones, sin ocupar un lugar que no le corresponde.
La responsabilidad, como siempre, sigue siendo nuestra.

SILVIA LÓPEZ-JORRÍN
Coach PCC (ICF), formadora y responsable del área académica en el CEC.
Está especializada en Coaching Sistémico, Coaching Corporal y Eneagrama. A lo largo de su trayectoria se ha centrado en el trabajo con la autoestima y la confianza corporal, integrando herramientas que facilitan procesos de transformación profundos y sostenibles.
Licenciada en Empresariales Internacionales (ICADE), combina su experiencia académica con una amplia formación en desarrollo personal.
Certificada en Alimentación Intuitiva, acompaña a las personas a reconciliarse con sus cuerpos y con la comida, ayudándolas a dejar atrás la cultura de dietas y a construir una relación más sana y libre con ellas mismas.
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