En los procesos de coaching, muchas veces observamos que los clientes se enfrentan a bloqueos, autolimitaciones o patrones repetitivos que no pueden explicar desde su historia individual.
Por ejemplo, una mujer a la que por confidencialidad llamaré Marta, una ejecutiva brillante que ha sido mi cliente, vino a mi después de encontrarse con un extraño dilema: deseo de progreso y carrera profesional por un lado y al mismo tiempo constantes excusas que la habían llevado a rechazar varias promociones a lo largo de su carrera y seguir en puestos por debajo de su capacidad.
No es que no tuviera cargos de relevancia, los tenía y con mucha responsabilidad, pero a la hora de dar el salto a los grandes puestos de la cúpula internacional de su empresa, una multinacional de la energía, surgían siempre acontecimientos o situaciones que la “obligaban” a decir que no a las oportunidades que se le presentaban.
En sus sesiones de coaching dice querer crecer, pero algo la detiene. Al profundizar, emerge una frase repetida por su madre: “Las mujeres que se dedican al trabajo terminan solas”. ¿Es posible que algo tan antiguo condicione tanto sus decisiones?
Desde el coaching sistémico, la respuesta es sí. Muchas de las decisiones que tomamos no nacen de nuestra lógica consciente, sino de lealtades invisibles hacia nuestro sistema familiar. Lealtades que actúan como hilos ocultos que nos atan, incluso cuando deseamos avanzar.
Las lealtades sistémicas son compromisos inconscientes que una persona mantiene hacia su sistema de origen —especialmente hacia padres, abuelos u otros ancestros— como una forma de mantener el vínculo, de pertenecer. Estas lealtades suelen surgir de frases no cuestionadas, roles heredados o mandatos familiares implícitos.
Algunos ejemplos son: un cliente que no puede disfrutar del dinero porque su familia fue pobre y «luchadora», una mujer que no se permite ser madre porque su madre se sacrificó por completo y sufrió, un joven que fracasa una y otra vez como emprendedor porque su padre perdió todo en un negocio fallido. Estos mandatos son casi siempre inconscientes, y se manifiestan en elecciones de vida, autosabotajes, resignación o sacrificio.
Desde el enfoque del coaching sistémico y su fuente, la terapia sistémica relacional de Bert Hellinger, las lealtades son compromisos internos que una persona mantiene hacia su sistema de origen y operan bajo tres principios fundamentales. El primero es la pertenencia: todos tienen derecho a formar parte del sistema. El segundo es el orden: quienes llegaron antes ocupan un lugar anterior a los que vienen después. Y el tercero es el equilibrio: debe existir una reciprocidad entre el dar y el recibir.
Cuando estos órdenes se alteran, las generaciones siguientes pueden tratar de compensarlo mediante lealtades. Por ejemplo, un nieto que se convierte en el «salvador» de la familia, ocupando un rol que no le corresponde. O situaciones inconscientes como: «me enfermo como mi tía que fue excluida del sistema» o «no avanzo en mi carrera para no dejar atrás a mi madre».
En el proceso de coaching, la influencia de las lealtades sistémicas invisibles se puede captar a través de señales indirectas como podrían ser sentimientos de culpa sin causas evidentes, dificultades para tomar decisiones relevantes, autosabotajes frente al éxito o una sobre identificación con un ancestro (“soy igual que mi abuela”).
Otros indicios serían la repetición de patrones familiares o la dificultad para avanzar hacia los propios objetivos a pesar de disponer de los recursos necesarios. Todos estos indicios y muchos más podrían estar revelando que hay una lealtad sistémica operando en un segundo plano.
Otro ejemplo de otro de mis clientes a quien también cambiaré el nombre. Pedro acude a mi solicitando un proceso de coaching para trabajar su liderazgo. Cada vez que intenta tomar decisiones firmes, siente ansiedad.
En el proceso surge una historia familiar: su abuelo, militar, fue autoritario y generó mucho daño. Pedro desarrolló la creencia inconsciente de que liderar es herir. Al desactivar esta lealtad, pudo resignificar el liderazgo como servicio y crecer en su rol.
¿Cómo trabajamos desde el coaching sistémico la influencia de estas lealtades?
En sistémico decimos que los problemas no quieren ser solucionados, sino que lo que quieren es ser vistos. Esta frase es clave para entender la intervención del coach sistémico. Los seres humanos tenemos la capacidad de tomar las decisiones más adecuadas antes cualquier situación a partir de los datos que tenemos disponibles. A esto en la terapia Gestalt se le llama ajuste creativo.
El ajuste creativo es la capacidad del ser humano para adaptarse al entorno de la forma más adecuada, es ajuste, pero es creativo, lo que conlleva flexibilidad sin necesariamente caer en la conformidad. Cuando los datos del entorno cambian y el ajuste se vuelve rígido, la persona ya no sabe resolver los desafíos y queda limitada en sus respuestas.
Las creencias limitantes que trabajamos en coaching son precisamente eso, la inmovilización de datos que deberían evolucionar que fijamos como consecuencia de experiencias de nuestra historia, o a la búsqueda de la seguridad. O visto desde la sistémica también por lo que denominamos, amor ciego al sistema de origen, ya sea este consciente o inconsciente.
Por lo tanto, nuestro papel es dejar que salgan a la luz la mayor cantidad de datos disponibles. Que aflore una imagen de lo que está sucediendo en un segundo plano. Que emerja en el consciente lo que está influyendo en el inconsciente. Por tanto, nuestra intervención no es solucionadora, es solo arrojar luz para que aquello que sucede pueda ser visto.
Como coach sistémico nos debemos mantener conscientes siempre de que trabajar con lo sistémico es un camino de respeto y amor. No se trata de cambiar al cliente, sino de ayudarle a ver lo que antes no podía ver, y que desde allí, pueda elegir.
Muchas veces la forma es a través de una pregunta directa al cliente: “Cuando no alcanzas el objetivo ¿a quién de tu sistema de origen están siendo leal?”, “¿Quién en tu sistema de origen se molestaría si alcanzases tu objetivo?”, “¿Quién sientes que podría quedar dañado o dañada de tu sistema de origen si logras el objetivo?”, «Si alcanzas tu objetivo ¿a quién temes parecerte?”, o “¿De quién te alejarías si alcanzas tu objetivo?”.
También pueden ser preguntas relacionadas con las creencias del cliente: “¿Dónde aprendiste que no es posible…?”, “¿De quién aprendiste que las cosas no se pueden cambiar…?”, “¿Qué frases escuchabas de niño/a sobre este tema…?”
Otra posibilidad es acudir a la PNL (Programación Neurolingüística) y hacer con el cliente un ejercicio con la línea del tiempo. Representando su línea de la vida con el futuro delante y el pasado detrás de la espalda como una línea recta en el suelo.
Desde ahí invitar al cliente y acompañarlo a retroceder en el tiempo en diferentes situaciones relacionadas con el mismo patrón de comportamiento, analizando cada una, corporal, emocional y mentalmente o evidenciando el dialogo interior del cliente en cada una de ellas, hasta llegar a un momento en su pasado en el que “nace” ese aprendizaje o esa lealtad.
Identificándose así el momento cero y cómo antes de ese momento el peso o la creencia bloqueante del cliente no existía. Lo cual permitirá dar luz a la lealtad, y reunir recursos propios que han quedado atrás y que ahora vuelven a estar disponibles.
Otra opción sería ayuda al cliente a la identificación de creencias limitantes con anclaje sistémico. Por ejemplo: acompañar al cliente a reconocer creencias como: «Debo cuidar de todos antes que a mí mismo”, «Si avanzo, traiciono a los míos», «Tengo que cuidar de todos, aunque me cueste.» Y luego trabajar su resignificación con las herramientas habituales del coaching o la PNL.
En este resignificar la mirada sistémica nos recuerda que nada puede quedar excluido de la historia del cliente y que el camino siempre es el de sumar, el camino del amor y no el del rechazo. Así el poder para avanzar está en la capacidad de poder honrar sin tener que repetir el mismo comportamiento. Es fundamental ayudar al cliente a entender que liberar una lealtad no es traicionar. Se puede trabajar con distinciones como: «Honro tu historia, y elijo vivir la mía».
El coach sistémico podría además hacer uso de configuraciones sistémicas en visualizaciones o con objetos como muñecos, figuras, papeles en el suelo.
El coach puede guiar al cliente en una configuración donde representa a miembros de su sistema familiar y observa dónde están colocados ellos y donde el cliente está posicionado. Esto permite reconocer lealtades y reubicarse desde un lugar más libre o como decimos en sistémico, de más fuerza.
También se puede trabajar con el cliente con arquetipos y roles familiares que el cliente pudiera estar representando como consecuencia de esa lealtad invisible. Así, ayudar al cliente a identificar si está actuando como «el salvador», «el excluido», «el fuerte» o «el que repara», y explorar alternativas.
El coach no interpreta ni diagnostica, pero sí observa patrones y propone distinciones. El coaching sistémico aporta la capacidad de observar el lenguaje, el cuerpo y la emocionalidad del cliente en relación con su sistema. El coach acompaña con respeto, validando la función que esa lealtad tuvo y facilitando que el cliente elija si quiere seguir respondiendo a ella o abrirse a una nueva posibilidad.
Las lealtades sistémicas son una de las fuerzas más profundas que pueden interferir (o potenciar) el crecimiento de un cliente. Reconocerlas y trabajar con ellas desde el coaching requiere sensibilidad, conocimiento y un marco ético claro. Al liberar esas lealtades, el cliente no rompe con su sistema, sino que honra a su historia desde una nueva elección de vida.
Cuando un cliente toma conciencia de las lealtades que lo habitan, comienza a ser libre. Libre no para rechazar a su familia, sino para honrarla sin repetir sus mismos comportamientos. Como coaches, facilitar este despertar es un acto profundo de servicio. Ayudamos a que una persona se reconcilie con su historia y elija un camino propio.
Las lealtades sistémicas son hilos invisibles que, cuando se hacen conscientes, dejan de atar para comenzar a tejer sentido.
Cada lealtad tiene una función de amor. Trabajar con ellas requiere sensibilidad, formación específica y, sobre todo, una ética de profundo respeto por el sistema del cliente. Es clave que el coach mantenga una postura de respeto, sin buscar liberar a nadie, sino acompañar al cliente a tomar conciencia y elegir.

JOSÉ MANUEL SÁNCHEZ
José Manuel Sánchez es Socio Fundador del CEC. Su pasión es el coaching y el desarrollo humano en el ámbito profesional. Actualmente se dedica al desarrollo directivo y al coaching individual y grupal.
Es Coach PCC por la ICF, formado en coaching ejecutivo, coaching de equipos y coaching sistémico. Es terapeuta Gestalt y Transpersonal. Formado en el programa SAT, en Eneagrama y en Coaching Corporal por NewField. Ha realizado el programa PCI en In Copore y es facilitador de Seitai y de trabajo energético en el cuerpo. Es formador de meditación y Mindfulness e Instructor CCT del Compassion Institute.
Codirector del Programa de Coaching Sistémico.
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