Por María González

Llevo un tiempo haciendo un curso de Comunicación no Violenta y en mi afán de integrar la filosofía de Rosenberg en mi propia vida,  estaba hace unos días leyendo una entrevista que le hicieron, y en ella contaba que un día se le había ocurrido preguntarle a uno de sus hijos “¿por qué crees que te quiero?”. Y el niño, que entonces tenía unos 7 años, le respondió algo así «¿Porque ya no me hago pipí en la cama?», ¿porque no me levanto de la mesa cuando estamos comiendo?».

¿Por qué crees que te quiero? Te quiero porque eres un ser único y maravilloso

Rosenberg le dijo a su hijo: “estoy muy contento de que hayas conseguido esas cosas pero no te quiero por eso, te quiero porque eres un ser único y maravilloso, te quiero por lo que eres”.

Esto me dio que pensar y decidí probar con mis hijos, que ahora tienen 7,8 y 10 años. Así que al final del día, cuando ya estaban en la cama, me acerqué a cada uno de ellos y les pregunté:

–¿Por qué crees que te quiero?–Los de 7 y 8 tuvieron la respuesta clara

– Porque soy tu hijo.

–Porque soy tu hija –Sin más…. Y respiré aliviada. Aún así, sentí la necesidad de añadir –Y porque eres un ser único y maravilloso y te quiero como eres –Sus caras se iluminaron con dos preciosas sonrisas.

La de 10 años también me respondió: –Porque soy tu hija, –Pero a continuación pensó un instante y añadió: –Y porque soy buena. –A lo que yo contesté: –No, me gustaría aclarar que te quiero porque eres tú, tal y como eres, siempre, hagas lo que hagas. –Mi maravillosa hija de 10 años me miró muy seria, y una par de lágrimas rodaron por sus mejillas. Con sus 10 añitos ya llevaba esa mochila…”me quieren porque soy buena”.

El hacer y el Ser, ¡qué  importante tener clara esta distinción!, y qué distintas son las relaciones si somos capaces de ver el Ser irrepetible que tenemos delante, y si comprendemos el Ser irrepetible que somos.

Desde ese día me he propuesto estar más atenta al peso que cargo en la mochila de mis hijos con mis juicios. Mi labor como madre esencialmente se basa en quererles y que encuentren en mí Amor, Apoyo y Aceptación incondicional. A partir de ahora añadiré, de cuando en cuando, el test de ¿por qué crees que te quiero?, para asegurarme de que mi mensaje llega con nitidez, y no hay interferencias que vayan haciendo pesadas sus mochilas.

Porque no se puede volar con la mochila puesta.

Por María González, coach colaboradora del CEC

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