Sagrario Escribano ha desarrollado su profesión en diferentes compañías relacionadas con la venta y la atención al cliente. Actualmente trabaja en IKEA como subdirectora en la tienda de Sevilla. Lleva más de 25 años liderando equipos y proyectos. Además, desde hace dos años, sigue formándose en uno de sus grandes motores, que es el coaching, formando parte del pull de coaches internos de IKEA. En Marzo, Sagrario nos ofrecerá en Madrid, en la sede del CEC, una conferencia contándonos cómo desarrolla su trabajo sobre el terreno, pero queremos avanzar alguna de sus opiniones

¿Sagrario, el líder nace o se hace?

El líder se hace, y se hace a fuego lento. Se van añadiendo ingredientes, muy despacio, dando pequeños pasos, para conseguir una buena receta. Para decir esto, me baso en mí misma, en lo que he aprendido durante los últimos 20 años, y lo que aprendí ayer mismo. Todos los días hay reajustes.

Sin embargo, ha habido ocasiones que como líder he tenido que volver atrás, para reconstruirme. Ha ocurrido cuando el contexto ha sido diferente: la compañía, el equipo, mi jefe… Entonces he sentido que adaptarme a esta nueva situación me ha hecho cambiar mi forma de liderar. Y lo que llevaba aprendido no ha servido de mucho y he tenido que renovar la receta para conseguir un buen sabor.

También es cierto que hay habilidades que parecen que vienen de serie, y que algunos las consideran innatas, pero yo las llamo habilidades “entrenadas”. Por ejemplo, dónde yo me veo mucho más capacitada es en aquello, en lo que ya desde que era niña me esforcé más para adaptarme mejor al entorno.

Cuando se habla de un líder, todos pensamos en alguien que arrastra a las multitudes y, desde luego, no se suele asociar con la humildad. ¿Qué opinas de esto?

Antes cuando pensaba en líderes, visualizaba personas poderosas, muy por encima del resto. Los veía predicando, cantando, actuando… allá en lo alto de una montaña, y ante cualquier cosa que dijesen o hiciesen, la respuesta de la multitud sería un “ohhhhh!” de asombro, seguido de lealtad. Con el tiempo he comprendido que un líder que está subido en una montaña, solo puede ver cabezas y cabezas lejanas de sí mismo. Además al dirigirse a ese equipo (o como tu dices, multitud) le costará comunicarse, el tono será distinto, no podrá mirar a los ojos como un igual, no habrá empatía, no habrá conexión. Tener más responsabilidades no significa subirse a un pódium, aunque los pódiums funcionan, es poder, y desde ahí se dirigen personas y se consiguen objetivos. Pero desde la humildad, todos estamos a la misma altura, y formamos parte del equipo con roles diferentes pero para un mismo fin. Y es desde ahí, donde crece la confianza y las oportunidades de aprender juntos.

Un líder humilde no arrastra a las masas, simplemente recorre un camino junto a su equipo.

¿Cómo llevas a cabo ese liderazgo especial desde el terreno?

Pues desde justo ese lugar, no desde la montaña, desde el terreno de juego. Aquí es donde ocurren las cosas, donde se ejecutan los planes, donde se hace realidad cualquier estrategia, y donde se pueden observar los fallos de primera mano, y solucionarlos más fácilmente. No se puede arbitrar un partido desde el palco. También es el lugar ideal para celebrar y divertirse, y por supuesto formar parte, sentir que perteneces para lo bueno y lo malo. Es estar en contacto con la realidad y con las personas. Me sería difícil hacerlo de otra forma.

¿Qué diferencias se pueden notar en el equipo cuando se ejerce este tipo de liderazgo?

Siento que todo es posible, que todo se puede conseguir. La confianza va aumentando,  siendo  la esencia de cada conversación y cada acción. Percibo también cómo crecemos como equipo, como somos más eficaces, y como nos divertimos. La diversión también crece junto con la confianza, y hace que los errores sean más llevaderos y los esfuerzos menos cuesta arriba. No soy yo si no me divierto en el trabajo.

Desde esta gestión de las personas, ¿Cómo se provocan esos espacios necesarios para que el equipo responda a los retos?

El reto es continuo, simplemente fluye, y lo más interesante es que llega desde todos los niveles. La cooperación no es solo para ayudarse, es para darse feedback y mejorar. Y de paraguas de todo esto están los objetivos, y llegar a ellos es un desafío continuo, porque siempre hay algo nuevo que conseguir. Me encantan los retos y retar, así que de esto no falta en mi equipo.

¿Cómo te ha ayudado el coaching?

Mi día a día está lleno de reuniones, conversaciones con clientes y compañeros…y pienso que el coaching me ha ayudado a afrontar estos momentos de una manera más eficaz y también más consciente. Estoy más presente en cada uno de esos encuentros, dedico mi atención a aquello que acontece y a la par escucho activamente. Esto hace que los diálogos cambien, que giren en torno a lo importante y se llegue a acuerdos más rápidamente. También crece la apertura, la escucha hace que la magia de compartir y colaborar vaya creciendo.

¿Qué aconsejas como coach a profesionales que deseen trabajar el liderazgo desde esta visión?

Cada uno tenemos un estilo diferente para liderar, que también varía dependiendo de las circunstancias que te rodeen en cada momento, y no hay uno mejor que otro. Para mi es como bailar, a veces suena tango, a veces salsa y no todos bailamos de la misma manera con la misma música. Pero algo tengo claro, suene la música que suene hay que disfrutarla bailándola con el equipo, en el centro de la pista, en el terreno y cada uno a su ritmo.