José Manuel Sánchez es experto en Coaching sistémico. Se ha formado con Alan Cardon, Menslab, el Instituto Hellinger y Sensum Sistemic. Además es coach PCC, terapeuta Gestalt y experto en constelaciones familiares. Es socio director del Centro de Estudios del Coaching, que ha completado con gran éxito la primera convocatoria de un curso de estas características orientado a profesionales y recientemente terminado.

José Manuel, ¿Puedes definir qué es el mundo sistémico, de dónde proviene su formulación?

Existe una larga lista de psicólogos y autores que han trabajado en el enfoque sistémico, analizando nuestra presencia en el grupo y su influencia en el conjunto y encontrando que el conjunto del grupo tiene comportamientos que van más allá de la suma de las individualidades y que los integrantes de cualquier grupo, nos vemos afectados por todas esas relaciones.

La mirada sistémica nos dice que todo el universo está compuesto por «sistemas dentro de sistemas». Nosotros en nuestro interior tenemos átomos que son un sistema, moléculas que son un sistema que contiene a esos átomos, tenemos células que contienen sistemas moleculares, etc… tenemos el sistema nervioso, el sistema digestivo, nosotros en sí somos un sistema, al igual que después pertenecemos a sistemas que nos contienen como la familia de origen, la comunidad de vecinos, el trabajo, la ciudad, la provincia, el país, el planeta, el sistema solar, la vía láctea, etc, etc… Todo «sistemas dentro de sistemas».

Comprender esto supone empezar a ver el mundo como una enorme red interrelacionada, dinámica,  multinivel y  atemporal. Todo influye en todo de manera circular y todo sucede ahora. El grupo influye en el individuo y determina muchas veces su comportamiento, incluso a nivel inconsciente. El individuo, a su vez, influye en el grupo y, cuando modifica sus acciones, su cambio puede influir y generar cambios en las dinámicas del grupo.

¿y cómo influye en las personas y en sus conductas?

Bert Hellinger, a base de tratar numerosos casos, dedujo tres principios fundamentales que rigen la supervivencia del individuo en los grupos: La pertenencia, el orden y el equilibrio. Y caso tras caso podemos ir comprobando cómo la mayor parte de las acciones que como personas tomamos en la vida, las decisiones y aquello que vivimos como problema, son en realidad consecuencia de estos tres principios. Todo lo que nos pasa, nos pasa para poder sentir que pertenecemos al grupo y que gracias a ello vamos a sobrevivir. Hay que tener en cuenta que en el pasado, nuestros antepasados primitivos no eran capaces de sobrevivir si no estaban en grupo, no tenían ninguna oportunidad.

Esa memoria arcaica llega hasta nosotros y actúa básicamente de la misma manera que hace 25.000 años.  Por ejemplo, si yo  deseo algo en mi vida que no está alineado con los paradigmas de mi sistema (valores, reglas, mandatos, principios de comportamiento, creencias, etc.) , inconscientemente tenderé a reprimirlo a cambio de mantenerme leal y cuidar mi permanencia. El miedo a ser excluidos nos impide desarrollar nuestro potencial y nos genera sufrimiento.

 ¿Coaching individual y sistémico?, ¿crees que profesionalmente están muy separados?,  ¿no será que todo es parte de lo mismo?

En realidad no existe esa diferenciación. No son más que clasificaciones arbitrarias de la realidad para poder acceder a ella y estudiarla. Y aunque la realidad es mucho más grande de lo que somos capaces de abarcar, podríamos decir que es más sistémica que lineal.  Igualmente, el coaching tradicional trabaja en muchas ocasiones de forma sistémica, aun sin saberlo. Preguntas como «¿Cual es el beneficio oculto de…?», «¿a quién estás siendo leal en esta situación?», «¿Qué parte de ti desearía cambiar esto?», etcétera tienen un fuerte contenido sistémico.

La mirada sistémica nos ofrece nuevas distinciones y nuevas preguntas que podemos incorporar en el coaching individual, nos permite enriquecer nuestro ámbito de observación y devolver a nuestro cliente aspectos que antes podían pasar desapercibidos, pero que ya estaban allí. Cuando ampliamos nuestra mirada, podemos integrar las herramientas tradicionales del coaching con las herramientas sistémicas y encontrar un diálogo que dota de sentido a ambas en una unión armónica, en la que el coaching clásico encuentra nuevos nombres a lo que ya venía haciendo y descubre nuevas posibilidades de acción adicionales y complementarias, al elevar la mirada y ver a su cliente más allá de su individualidad.

¿Tendemos a la felicidad o simplemente a mantener el equilibrio en nuestro sistema?

Se podría decir que en todos nosotros habitan tres voces, no siempre conscientes y por tanto no siempre activas. La primera es la voz del sistema, aquello que marca las acciones que hacen que se nos reconozca como parte del sistema. La lealtad al sistema consciente o inconsciente determina la forma de pensar y el comportamiento desde este lugar. Aquí está por ejemplo la decisión generación tras generación de cómo una familia ha ido heredando la profesión y el negocio familiar. Por ejemplo, una tienda. La segunda voz sería la voz como individuo, una voz que puede tener deseos o anhelos en contra de la voluntad del sistema. Por ejemplo no me gusta ser tendero, no quiero llevar la mercería del bisabuelo. Finalmente, está el futuro emergente, que es aquello que marca un destino más allá del sistema. Aquello que tira de nosotros para crecer. En cierta medida es la voz del sistema superior que contiene al que en ese momento habitamos. Por ejemplo irse a otro país para estudiar arte dramático.

Respondiendo a tu pregunta, tendemos al desarrollo y al crecimiento. Algo tira de nosotros para avanzar, al hacerlo ampliamos nuestra consciencia y esto nos dota de mayores posibilidades de felicidad, pero la felicidad es un concepto muy impreciso. Yo diría que crecemos como seres humanos y que estamos llamados a seguir creciendo y que si no lo hacemos, sufrimos. El sistema al que pertenecemos supone una identificación para nosotros de cómo es la realidad, un lugar cómodo, lo que también se ha venido denominando la caja de confort y todos tenemos miedos y resistencias a romper las fronteras del sistema y salir a un lugar mayor. Si la voz individual que todos tenemos dentro, se siente atraída por la llamada del futuro emergente, entonces entra en conflicto con el sistema y cometiendo un acto desleal se individualiza del mismo y avanza hacia un lugar más grande, arrastrando el inevitable dolor de la culpa que es el alimento que nutre nuestro crecimiento como seres humanos.

Por tanto, todo el proceso de crecimiento es una constante lucha de contrarios entre la lealtad al sistema al que pertenecemos y con el que estamos identificados y la llamada o nueva lealtad al sistema superior que contiene al anterior y con el que estamos tendiendo a identificarnos ahora. Es crecer a través de los sistemas, dejando unos atrás para entrar en otros, arrastrando el precio de la culpa y ampliando nuestra consciencia con una nueva identificación que se convertirá en lealtad resistente a seguir adelante cuando mañana el futuro emergente nos llame de nuevo para ir más allá.

La pertenencia a un “sistema” es una ley primordial. ¿Seguimos dependiendo de la fuerza del grupo para mantenernos a flote?

Si efectivamente es el elemento esencial. Si sentimos que no pertenecemos, sentimos la exclusión, para los seres humanos esto es peor que la muerte. Es algo que no podemos sostener y hacemos cualquier cosa por pertenecer. En este sentido Hellinger ha sido el gran analista del encuentro entre la voluntad individual y la voluntad del sistema. Del conflicto que se genera entre ambas y de como muchas veces, con tal de pertenecer y siempre por amor, aunque sea un amor ciego, cometemos actos o estrategias que arruinan nuestras vidas o las orientan de manera perjudicial para nuestro desarrollo y crecimiento futuros.

Así una madre poco disponible, por el motivo que sea, hace que la hija entre en la esfera del padre, en una complicidad que la hace competir con la madre. La hija lo hace de manera inconsciente por amor ciego y para asegurar la unión de la familia, pero paga un alto precio, porque cuando va en busca de pareja, no termina de encontrarla, tampoco ella estará disponible para una relación sana y nutritiva.

¿Qué herramientas del coaching sistémico podemos incorporar como coaches en nuestro trabajo habitual y cómo pueden ayudarnos?

La respuesta es demasiado amplia puesto que son muchas y muy diversas, pero escogiendo una por ejemplo, podemos hablar de un modelo de comportamiento según el cual, cuando una persona desea alcanzar algo y tiene problemas para lanzarse a ello, encontraremos una lealtad oculta a algún sistema que le retiene. La persona sentirá la carga de no moverse y el miedo a la culpa si se mueve.  Trabajar con el cliente que la culpa es el precio para moverse y verla no ya como un obstáculo sino como un recurso, es una manera diferente de mirar, que permite al cliente hacer grandes cambios de observador en lapsos muy breves de tiempo.

Además el coaching sistémico trabaja mucho con la sabiduría del cuerpo llevando a la representación en 3 dimensiones de lo que sucede en la cabeza del cliente. Al experimentar en el cuerpo todo lo que se está evaluando o aprendiendo, el cliente entiende más allá de lo mental e integra de manera muy rápida constantes cambios de observador

José Manuel Sánchez. Es socio-director del CEC. Su pasión es el coaching y el desarrollo humano en el ámbito personal y profesional. Actualmente se dedica al desarrollo directivo y al coaching individual y grupal. Coach PCC por la ICF, formado en coaching ejecutivo, coaching de equipos y coaching sistémico, Constelaciones organizacionales y familiares, Gestión emocional, terapia Gestalt, Mindfulness, Focusing, Movimiento esencial, Seitai, Escuela de la respiración y Terapia Corporal Integrativa.

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