En general la palabra “equipo” tiene connotaciones positivas y una sonrisa suele acompañarnos al recordar el sentimiento de pertenencia, porque nos acerca mucho más a nuestros semejantes y nos hace sentir los éxitos de manera diferente a cuando los realizamos en solitario.

Si lo llevamos a la vida cotidiana o al deporte, un equipo requiere de un funcionamiento específico y pertenecer a uno, aunque sea para jugar a las cartas, satisface nuestra necesidad sistémica y nos coloca en la misma línea de responsabilidad que los otros miembros.